El ozono es una molécula compuesta por tres átomos de oxígeno, representada químicamente como \[ {\ce {O3}} \]. Se forma cuando las moléculas diatómicas de oxígeno (\[ {\ce {O2}} \)) se disocian bajo la influencia de energía suficiente para liberar átomos individuales que se combinan con otras moléculas gaseosas \[ {\ce {O2}} \), resultando en la creación del ozono \[ {\ce {O3}} \] [1]. Este proceso ocurre tanto naturalmente, como durante tormentas eléctricas donde la descarga eléctrica provee la energía necesaria para romper el enlace doble entre los átomos en la molécula \[ {\ce {O=O}} \), como artificialmente mediante métodos eléctricos o radiación ultravioleta.
El ozono es un gas generalmente sin coloración en concentraciones bajas y puede presentar una coloración ligeramente azulada a altas concentraciones. Su olor característico es acre y penetrante. A temperatura ambiente y presión atmosférica normales, se manifiesta como un gas con alta reactividad debido a su naturaleza inestable; tiende a descomponerse rápidamente para regresar al oxígeno molecular estable \[ {\ce {O2}} \). Esta propiedad oxidante hace que sea un agente eficaz para la desinfección y purificación en diversas aplicaciones industriales y ambientales. El punto de licuefacción del ozono es −111,9 °C, lo que indica su alta tendencia a permanecer en estado gaseoso bajo condiciones estándar ambientales [1].
La identificación del ozono data del siglo XVIII con observaciones iniciales que notaban su olor peculiar durante experimentos eléctricos sobre agua en el año 1785 por Martinus van Marum. Fue aislado formalmente en 1839 por Christian Friedrich Schönbein, quien acuñó el término “ozono” basado en la palabra griega 'ozein' (ὄζειν), que significa "tener olor" debido a su aroma distintivo. La fórmula química exacta \[ {\ce {O3}} \] no se determinó hasta 1865 por Jacques-Louis Soret y confirmada por Schönbein en 1867, consolidando así su comprensión científica inicial. Posteriormente, científicos como Charles Fabry y Henri Buisson identificaron en el año 1913 la capa estratosférica donde se concentra este gas protector contra radiación solar ultravioleta intensa [1].
El método más extendido para producir ozono industrialmente es el efecto corona, que consiste en aplicar una corriente eléctrica de alto voltaje a una corriente gaseosa rica en oxígeno. La descarga eléctrica fragmenta las moléculas diatómicas liberando átomos individuales que se recombinan formando moléculas triatómicas (\[ {\ce {O3}} \)). Este procedimiento resulta eficiente y versátil para tratamientos ambientales como purificación y desinfección tanto de agua como aire.
La radiación ultravioleta también puede generar ozono al descomponer las moléculas \[ {\ce {O2}} \] mediante fotones energéticos; sin embargo, esta técnica es menos eficiente comparada con la descarga eléctrica pero adecuada para aplicaciones que requieren concentraciones bajas de ozono.
Otros métodos incluyen procesos menos comunes como la destilación del agua o hidrólisis experimental mediante corriente eléctrica aplicada al agua; estos producen cantidades menores pero son objeto actual de investigación para optimización ecológica e innovadora generación del gas oxidante [1].
El ozono tiene relevancia industrial principalmente como precursor químico en síntesis orgánica avanzada pero sobresale por su capacidad oxidante potente empleada en desinfección ambiental y purificación.
En tratamiento hídrico, elimina olores y sabores indeseados sin dejar residuos ni alterar parámetros químicos críticos como pH o coloración natural. Su descomposición final vuelve al oxígeno molecular sin generar subproductos tóxicos residuales.
Para aire ambiente, el ozono elimina microorganismos patógenos incluyendo virus, bacterias y hongos suspendidos reduciendo riesgos contagiosos asociados a enfermedades respiratorias transmisibles por vía aérea tales como Covid, catarros, gripe, tuberculosis, sarampión, rubéola, varicela, tos ferina y legionela. Además neutraliza olores desagradables manteniendo ambientes saludables sin residuos químicos dañinos tras su uso.
Estudios recientes documentan que bajas concentraciones seguras para humanos pueden inactivar virus emergentes como coronavirus, evidenciando potencial terapéutico complementario dentro estrictos límites regulatorios definidos por organismos internacionales especializados [1], [2].
La mayor concentración natural del ozono reside en la estratosfera alrededor de los \(25\) km sobre la superficie terrestre dentro de la denominada “capa de ozono”. Esta capa actúa filtrando radiación ultravioleta nociva emitida por el Sol, especialmente UV-C (100–280 nm) y parte significativa UV-B, protegiendo así la vida terrestre evitando daños genéticos severos causados por esta radiación.
Por contraste, el exceso localizado cerca o a nivel del suelo genera contaminación troposférica perjudicial (“ozono malo”), resultado principalmente antropogénico producto de emisiones industriales que combinan ozono con otros gases contaminantes afectando salud pulmonar humana e integridad biológica.
La capa estratosférica se encuentra entre \(30\) y \(35\) km aproximadamente; allí la formación continua depende del equilibrio fotoquímico entre disociación inducida por luz solar y destrucción mediante reacciones con compuestos reactivos atmosféricos como nitrógeno, hidrógeno, cloro o bromo [1], [5].
Desde la década de los 70 se reconoció una disminución estacional significativa llamada “agujero” o déficit temporal masivo localizado sobre regiones polares antárticas durante la primavera meteorológica.
Este fenómeno está asociado al aislamiento atmosférico polar generado por vórtices intensos (>200 km/h), temperaturas extremadamente bajas (< -78°C), formación específica de nubes estratosféricas polares que facilitan reacciones liberadoras activas responsables directas del agotamiento catalítico mediante clorofluorocarbonos (CFCs).
Las pérdidas varían desde aproximadamente un \(50\%\) promedio hasta picos máximos locales cercanos al \(90\%\), con duración estimada entre dos a tres meses antes de iniciarse la recuperación gradual conforme incrementan temperaturas primaverales.
El primer observatorio dedicado fue instalado en Antártica hacia \(1956\), consolidándose observaciones científicas clave que permitieron identificar causas antropogénicas responsables aproximadas al \(80\%\) relacionadas con refrigerantes industriales, aerosoles y pesticidas, prohibidos posteriormente bajo tratados internacionales firmados desde \(1987\) (Protocolo de Montreal).
Los compromisos globales lograron eliminar cerca del \(98\%\) sustancias agotadoras permitiendo proyectar recuperación completa hacia mitad siglo XXI si persisten medidas vigentes [5].
Las mediciones satelitales muestran fluctuaciones anuales importantes entre años récords históricos:
- Año \(2019\): mínimo histórico reciente con extensión máxima aproximada \(15{,}6\) millones km².
- Año \(2006\): máximo histórico registrado alcanzando hasta \(29{,}5\) millones km².
Promedio histórico desde \(1979\) hasta \(2024\): área cercana a los \(20\) millones km² equivalente a dos veces territorio continental estadounidense.
En años recientes (\(2024\)) se observa reducción progresiva marcada pero aún existe persistencia variable dependiente condiciones climáticas regionales específicas [5].
La Sociedad Japonesa de Salud Laboral ha establecido un límite permisible máximo para exposición ocupacional continua durante ocho horas en ambientes laborales igual a \(0{,}1\,ppm\).
Esta regulación evidencia preocupación ante toxicidad potencial aún cuando concentraciones bajas pueden ser seguras y efectivas para usos controlados sanitarios garantizando seguridad operativa frente riesgo inhalatorio directo derivado principalmente efectos irritativos respiratorios crónicos asociados exposición prolongada sin protección adecuada [2].
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El estudio integral del ozono abarca múltiples disciplinas: química atmosférica, salud pública ambiental e ingeniería aplicada industrial; sus propiedades físicas altamente reactivas configuran retos técnicos para manejo seguro junto con beneficios indiscutibles derivados tanto naturales como artificiales.
Su función crítica protectora contra radiación solar nociva contrasta directamente con riesgos derivados contaminación troposférica cuando excede umbrales críticos debido actividades humanas no reguladas adecuadamente.
Es imprescindible mantener vigilancia constante mediante monitoreo científico riguroso asociado a políticas públicas eficaces respaldadas por evidencias históricas sólidas para asegurar equilibrio funcional entre protección planetaria efectiva y utilización responsable industrial-sanitario-social.
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Ozono
[2] https://www.rokitechno.com/spanish/product/product_ozone/product_o...
[3] https://www.un.org/es/observances/ozone-day/science
[4] https://www.cordulus.com/es/glossary/ozone-layer
[5] https://blog.meteochile.gob.cl/2025/09/16/el-ozono-y-su-herida-en-...
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