La solidificación es un proceso crucial en química y fisicoquímica, donde los líquidos se convierten en sólidos. Aprende más aquí.
La solidificación es el proceso mediante el cual una sustancia cambia de estado líquido a sólido al reducirse su temperatura por debajo del punto de congelación. En términos termodinámicos, se define como el proceso de cristalización de un líquido. Aunque los términos solidificación y congelación se emplean a menudo como sinónimos en el lenguaje cotidiano, existe una distinción técnica: la solidificación es el proceso general de conversión de un líquido en sólido, mientras que la congelación suele referirse específicamente a la formación de una estructura cristalina ordenada [1].
La mayoría de los líquidos se solidifican mediante cristalización, una transición de fase de primer orden. Durante la transición, mientras coexisten el sólido y el líquido en equilibrio, la temperatura de todo el sistema permanece constante en el punto de fusión, ya que el calor latente de fusión debe ser liberado al entorno para que la solidificación progrese [1].
La cristalización consta de dos etapas principales:
- Nucleación: proceso mediante el cual las moléculas o átomos en el líquido se agrupan formando clústeres nanométricos que adoptan una estructura periódica definida (núcleos o gérmenes cristalinos).
- Crecimiento de cristales: una vez que un núcleo alcanza un tamaño crítico (superando la barrera energética asociada a la formación de la nueva superficie), su crecimiento es termodinámicamente favorable y aumenta de tamaño mediante la incorporación de nuevas unidades desde el líquido circundante [1].
Este equilibrio entre energía superficial y volumen determina si un núcleo será estable o se disolverá nuevamente si es demasiado pequeño para superar esa barrera energética [1].
Frecuentemente, la cristalización de un líquido puro no se inicia inmediatamente al alcanzar el punto de fusión, sino a una temperatura inferior; este fenómeno se conoce como sobrefusión o superenfriamiento. Su origen radica en la energía de activación necesaria para la nucleación homogénea, ya que la formación de una nueva interfaz entre el sólido y el líquido demanda una energía que debe ser compensada por la energía liberada al formar el volumen del núcleo [1].
En presencia de imperfecciones en la superficie del recipiente, impurezas o agentes nucleantes, se produce la nucleación heterogénea. Esta reduce significativamente la energía necesaria para crear la nueva interfaz, disminuyendo el grado de sobrefusión. Por ejemplo, el agua pura puede sobreenfriarse hasta los -40 °C antes de congelarse si carece de nucleadores, pero en su presencia se congela cerca de los 0 °C a presión atmosférica [1].
A presiones muy elevadas (2000 atm), el agua puede sobreenfriarse hasta los -70 °C antes de solidificarse, lo cual evidencia cómo variables externas afectan este equilibrio entre fases [1].
El punto de fusión varía con la presión según la ecuación de Clapeyron. Para la mayoría de las sustancias, el volumen específico del sólido es menor que el del líquido, por lo que al aumentar la presión el punto de fusión aumenta.
Sin embargo, el agua es una de las excepciones más notables, junto con el bismuto, el antimonio o el silicio. Dado que el hielo es menos denso (tiene mayor volumen específico) que el agua líquida, su punto de fusión disminuye al aumentar la presión. Este fenómeno, conocido como regelación, permite que al aplicar presión sobre hielo ligeramente bajo cero, este se funda, creando una fina película líquida que facilita el deslizamiento (por ejemplo, en patines sobre hielo) [1].
Este comportamiento excepcional demuestra que la afirmación general de que la solidificación se produce por un aumento de la presión es incorrecta; ocurre solo para sustancias que, como el agua, se expanden al congelarse, y en condiciones muy específicas [1].
La solidificación es un proceso casi siempre exotérmico, liberando al entorno una energía exactamente igual a la entalpía de fusión. Este calor latente debe ser evacuado del sistema para que la transición de fase pueda continuar [1].
El helio a muy baja temperatura es la única excepción conocida a esta regla. El helio-3 presenta una entalpía de fusión negativa a temperaturas inferiores a 0.3 K, mientras que el helio-4 también la presenta por debajo de 0.8 K. En este rango de temperaturas, es necesario extraer calor para fundirlos y añadir calor para congelarlos [1].
Ciertos materiales, como el vidrio común, el glicerol o muchos polímeros, pueden endurecerse sin formar una estructura cristalina, dando lugar a sólidos amorfos. En estos materiales no existe un punto de congelación definido, ya que no se produce una transición de fase abrupta, sino un cambio gradual en sus propiedades viscoelásticas en un intervalo de temperaturas. Este fenómeno se conoce como transición vítrea, y la temperatura característica a la que ocurre se denomina temperatura de transición vítrea (Tg). La vitrificación no es un proceso de equilibrio termodinámico [1].
La mayoría de las sustancias se contraen al solidificarse, aumentando su densidad. Sin embargo, algunas sustancias, entre las que destacan el agua, el bismuto, el galio, el silicio y el ácido acético, se expanden al congelarse (disminuyen su densidad).
Esta peculiaridad del agua es la causa de que el hielo flote en el agua líquida y de que las tuberías puedan reventar cuando el agua que contienen se congela [1].
En procesos industriales como la fundición, los metales se calientan por encima de su punto de fusión para obtener metales líquidos que luego se vierten en moldes donde solidifican adaptándose a la forma deseada [2].
La secuencia de solidificación se divide principalmente en tres tipos:
- Solidificación secuencial: el lingote se solidifica gradualmente desde el borde hacia el centro, favoreciendo la formación de cristales columnares. Produce cavidades de contracción concentradas, convenientes para el procesamiento posterior, aunque pueden afectar las propiedades mecánicas [2].
- Solidificación simultánea: todas las partes del lingote comienzan a solidificarse casi simultáneamente. Los granos crecen formando dendritas equiaxiales gruesas que encierran metal líquido, resultando en cavidades de contracción dispersas que aumentan la porosidad [2].
- Solidificación intermedia: coexisten regiones de cristales columnares y equiaxiales. Logra un equilibrio entre las ventajas y desventajas de los otros tipos, pero es más difícil de controlar [2].
Factores decisivos incluyen la calidad de la carga, las reacciones metalúrgicas, las propiedades del material de moldeo (conductividad térmica y capacidad calorífica), la interacción molde-metal y los parámetros de vertido (temperatura y velocidad). Defectos como porosidad, inclusiones o grietas pueden reducir significativamente las propiedades mecánicas y la vida útil de la pieza [2].
Muchos organismos vivos han desarrollado estrategias para tolerar temperaturas bajo cero. Acumulan crioprotectores, como proteínas antinucleantes, polioles (glicerol, sorbitol) y glucosa, que disminuyen el punto de congelación y previenen la formación de grandes cristales intracelulares [1].
Ciertas bacterias, como *Pseudomonas syringae*, producen proteínas que actúan como potentes nucleadores de hielo, provocando su formación en la superficie de las plantas a temperaturas cercanas a -2 °C, lo que facilita el acceso a nutrientes mediante el daño tisular [1]. Asimismo, se ha documentado la recuperación de bacterias viables tras permanecer congeladas durante miles de años en el permafrost, como *Carnobacterium pleistocenium*, *Chryseobacterium greenlandensis* y *Herminiimonas glaciei* [1].
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Solidificaci%C3%B3n
[2] https://es.castings-forging.com/knowledge/the-molten-metal-solidif...
[3] https://prezi.com/p/14bdmpta4vxx/solidificacion-de-metales-y-aleac...
[4] https://www.researchgate.net/publication/308169926_SOLIDIFICACION_...
[5] https://concepto.de/solidificacion/
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