El punto crítico en termodinámica representa una condición extrema en la que las propiedades de las fases líquida y gaseosa convergen hasta hacerse indistinguibles. Este fenómeno ocurre cuando el volumen de un líquido es igual al volumen de una masa igual de vapor y las densidades de ambos estados coinciden. En este límite desaparece la interfase entre líquido y vapor, dando lugar a una única fase fluida homogénea que se denomina fluido supercrítico. La temperatura crítica (Tc) y la presión crítica (Pc) definen este estado particular para cada sustancia; no existe un punto crítico universal sino valores específicos que dependen de la estructura molecular y las fuerzas intermoleculares del compuesto considerado [1][2][3][4].
Las transiciones de fase convencionales implican coexistencia estable entre fases separadas por una interfase bien definida y con un intercambio energético característico durante el cambio. En contraste, el punto crítico marca el límite donde esta coexistencia deja de existir. Al aproximarse a esta condición crítica, las diferencias en propiedades como densidad y volumen molar entre líquido y vapor se reducen progresivamente hasta desaparecer. Por ello, el diagrama de fases muestra que la curva de coexistencia termina precisamente en este punto crítico, más allá del cual no es posible distinguir fases líquida y gaseosa separadas mediante presión o temperatura mayores a Tc y Pc respectivamente[1][4][5].
El dióxido de carbono (CO₂) es uno de los fluidos supercríticos más utilizados industrialmente debido a que su punto crítico se encuentra en condiciones relativamente accesibles: \( T_c = 304{,}13\,K \) y \( P_c = 7{,}377\,MPa \), equivalentes a unos aproximados \(31{,}0\,^\circ C\) y \(73{,}8\,bar\). Estas condiciones permiten emplear CO₂ supercrítico para procesos como extracción selectiva de aromas, fragancias y compuestos bioactivos, o secado de materiales porosos sin necesidad de alcanzar presiones o temperaturas extremas[2].
El agua presenta un punto crítico mucho más severo con \( T_c = 647{,}096\,K \) y \( P_c = 22{,}064\,MPa \), es decir alrededor de \(374\,^\circ C\) y \(221\,bar\). Estas condiciones elevadas requieren materiales resistentes y diseños específicos para manejar equipos que operan en régimen supercrítico acuoso. Este estado se aprovecha principalmente en tecnologías avanzadas como oxidación en agua supercrítica (SCWO) o gasificación hidrotermal para el tratamiento o valorización de residuos orgánicos y biomasa húmeda[2].
Entre los hidrocarburos ligeros también existen puntos críticos relevantes para aplicaciones industriales específicas: el propano tiene un \( T_c \approx 369{,}9\,K \) (\(\sim96{,}8\,^\circ C\)) y \( P_c \approx 4{,}25\,MPa \) (\(42\,bar\)), mientras que el etano presenta un \( T_c \approx 305{,}3\,K \) (\(\sim32{,}2\,^\circ C\)) y \( P_c \approx 4{,}88\,MPa \) (\(48{,}8\,bar\)). El butano exhibe valores superiores con un \( T_c \approx 425{,}1\,K \) (\(\sim152\,^\circ C\)) y \( P_c \approx 3{,}796\,MPa \) (\(38\,bar\))[2]. Estos fluidos son empleados como disolventes supercríticos apolares o para fraccionamiento selectivo, como en el caso del propano para la extracción de aceites, grasas y ceras, debido a sus propiedades en condiciones críticas moderadas.
Cuando una sustancia supera su temperatura crítica (Tc) y presión crítica (Pc), entra en un régimen donde desaparece la distinción macroscópica entre líquido y vapor. En este estado supercrítico la densidad puede variar continuamente con cambios mínimos en presión o temperatura. Esto hace que el fluido tenga propiedades intermedias entre líquidos densos y gases comprimidos pero sin fase bifásica estable[1][2].
Este comportamiento introduce desafíos para el control termodinámico tradicional porque las fronteras clásicas como hervir o condensar dejan de tener sentido físico claro. La ausencia de interfase implica también que no hay latencia térmica ni cambio abrupto en entalpía asociado a transición de fase típica. Por lo tanto los procesos diseñados cerca del punto crítico deben considerar estas particularidades para garantizar estabilidad operativa[2].
La explotación práctica del régimen supercrítico depende directamente del conocimiento preciso del punto crítico específico para cada sustancia. El CO₂ supercrítico se utiliza ampliamente en extracción con fluidos supercríticos (SFE), secado supercrítico y procesado de materiales avanzados gracias a su capacidad solvente ajustable mediante ligeras variaciones en presión o temperatura alrededor del punto crítico[2].
El agua supercrítica es fundamental para procesos ambientales sostenibles como oxidación en agua supercrítica (SCWO) destinada a destruir residuos orgánicos difíciles o gasificación hidrotermal (SCWG), que convierte biomasa húmeda en combustibles o productos químicos valiosos sin necesidad previa de secado intensivo[2].
Los hidrocarburos ligeros como propano o etano encuentran aplicaciones específicas donde se requiere disolución selectiva sin polaridad elevada; por ejemplo extracción apolar selectiva o fraccionamiento de lípidos en matrices naturales complejas[2]. La elección del fluido idóneo depende del equilibrio entre condiciones críticas alcanzables industrialmente y las propiedades químicas deseadas.
Las altas presiones necesarias para alcanzar el régimen supercrítico, especialmente notorias en fluidos como agua, exigen materiales resistentes a corrosión bajo condiciones severas así como hermeticidad rigurosa para evitar fugas peligrosas. Además la sensibilidad extrema del fluido cercano al punto crítico implica control estricto sobre parámetros operativos ya que pequeñas desviaciones pueden alterar significativamente propiedades físicas esenciales tales como densidad o viscosidad.
En fluidos con temperaturas críticas elevadas también se debe considerar la estabilidad térmica química; algunos compuestos podrían descomponerse antes de alcanzar su estado supercrítico si no se controla adecuadamente la temperatura. En resumen las condiciones límite impuestas por Tc y Pc condicionan desde la selección material hasta estrategias automáticas avanzadas para asegurar operación segura eficiente[1][2].
En términos termodinámicos clásicos suele verificarse la condición:
\[ P = P_c ,\quad T = T_c ,\quad v = v_c \]
donde \(P\) es presión del sistema; \(T\), temperatura; y \(v\), volumen molar correspondiente al sistema considerado. En este estado todos estos parámetros toman sus valores críticos específicos definidos experimentalmente por cada sustancia[4]. Esta relación destaca cómo el equilibrio gas-líquido desaparece exactamente cuando simultáneamente se alcanzan estas variables críticas.
---
La comprensión profunda del punto crítico permite diseñar procesos industriales ajustados a los comportamientos reales observados cerca del umbral donde desaparecen las fases líquida-vapor diferenciadas. Su estudio ha impulsado tecnologías innovadoras basadas en fluidos supercríticos con aplicaciones desde extracción natural hasta tratamientos medioambientales avanzados.
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Punto_cr%C3%ADtico
[2] https://www.unia.es/vida-universitaria/blog/que-es-el-punto-critic...
[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Punto_cr%C3%ADtico_(termodin%C3%A1mica)
[4] https://www.quimica.es/enciclopedia/Punto_cr%C3%ADtico.html
[5] https://www.ck12.org/flexi/es/quimica/diagramas-de-fase/cual-es-la...
Generando resumen…